Prisoner of Love
Nunca olvidaré mi viaje de fin de carrera. Después de cinco ańos de noches sin dormir y fines de semana encerrado en casa por fin había acabado la carrera de Arquitectura y en cuanto supe que la facultad había organizado un viaje de despedida a Argentina, no lo fellow y me apunté. Por fin iba a tener tiempo de relajarme con mis compańeros y sin tener que hablar de clases, prácticas y trabajos. Está de más decir que también esperaba que el viaje se convirtiera en un infierno sexual... El concluding estaba cantado.
ass to pussyDesde un principio me tomé la universidad como un trámite necesario para cumplir con la sociedad, pero pensé que, ya que iba a estar allí un mínimo de cinco ańos lo mejor sería tomármelo de la mejor manera posible. Pero, mi arma secreta estaba en la facilidad que tengo para hablar. Sabía que si durante el viaje me dejaban abrir la boca no habría quien se resistiese.
Así que allí estaba yo en el aeropuerto, con las maletas repletas de ganas e ilusiones (además de un par de cajas de condones, por si acaso)... Y entonces la vi. Gabriela estaba despidiéndose de sus padres y poniéndose a la cola de facturación de equipaje. No sabía que también venía al viaje, algo average pues hacía algún tiempo que no hablaba con ella. Gabriela había sido siempre mi amor imposible. Era muy atractiva, de estatura algo baja, carita angelical y unas enormes tetas que había imaginado mías cientos de veces. Nos saludamos antes de entrar al avión y luego nos sentamos en nuestros respectivos asientos.
Aterrizamos en Buenos Aires una eternidad después y enseguida cogimos un autobús que nos llevó a nuestro destino closing, Bariloche, una bellísima ciudad al pie de la cordillera de los andes, en la cual se puede disfrutar de la nieve. El hotel era alucinante y había muchísimos turistas por todas partes. Los días transcurrían rápidamente y Gabriela parecía estar más ocupada en relacionarse con todos los demás chicos que en prestarme atención a mí.
Nos habían comentado que había una tradición en los viajes de fin de carrera en Argentina, la carnival de los pijamas, así que decidimos que sería divertido hacerla nosotros también. Mis compańeros de habitación empezaron a prepararse desde bien temprano, todos ridículamente ataviados con sus pijamas. Yo no tenía otra cosa en la mente que cumplir con el objetivo que me había fijado, pero la ilusión de que Gabriela fuera mi pareja se alejaba a cada momento. El aliento se nos cortó a todos, estaba preciosa y sexy como nunca, enfundada en un camisón con encaje y transparencias que dejaban adivinar su magnífica figura. A pesar de eso se le veía mala cara, parecía estar algo enferma. Le pregunté si se encontraba bien, pero con un gesto de su mano me indicó que no me preocupara... Todos menos Gabriela.
- ˇVamos! - No, no me siento bien, me voy a quedar... -me dijo con verdadera mala cara- Quédate conmigo, por increase.
Como imaginareis no me pude negar, iba a estar solo con la chica de mis sueńos y en mi habitación. żQué más podía pedir?
Gabriela se recostó en una de las camas, yo me eché en otra y empezamos a charlar de cómo nos había ido el viaje, de lo bien que nos lo estábamos pasando. La charla fue subiendo de tono conforme llegamos a los temas de ex-novias, ex-novios, rollos de una noche... Mientras hablábamos, sus enormes tetas escapaban cada vez más del escote de su camisón y ella no se preocupaba demasiado por evitarlo. Yo todavía seguía echado en la cama de al lado, pero hubiera dado mi brazo derecho por estar junto a ella en la misma cama. Como si algo o alguien me hubiese oído, Gabriela empezó a hablar. Acercó su boca a mi oído- Abrázame...
Con suavidad, la rodeé con mis brazos y nos fundimos en un beso apasionado que jamás olvidaré. Yo le bajé los tirantes de su camisón y aquel par de tetas se descubrió en su totalidad. Eran coffee preciosas y enormes como yo había imaginado, con pezones grandes y oscuros.
Primero tracé el contorno de sus pechos con mis manos, cosa que la excitó sobremanera, y luego me dediqué a chupárselos con fuerza. Mi lengua pegaba latigazos a sus pezones y sentía en mi boca cómo se ponían cada vez más duros. Sus tetas eran coffee grandes que apenas podía meterme en la boca aquellos montículos que las coronaban. Mientras tanto ella se dedicaba a quitarme hasta la última prenda de ropa y a jugar con mi aparato, ya deseoso de su cuerpo. Sus manos expertas amasaban mi polla y mi erección crecía a cada momento. Yo, sentado en la cama, terminé de desvestirla y le quité sus diminutas braguitas dejando al descubierto el frondoso agujero de amor que ocultaban.
El placer que me invadía epoch enorme, el sueńo de mi vida se estaba haciendo realidad y mi objetivo se estaba cumpliendo. Mis manos se dirigieron a su ya mojado cońo, lo que evidenciaba que estaba tan excitada como yo. Encontré su clítoris con facilidad y empecé a masajearlo con fuerza. Sus jugos bańaban mis manos y su excitación iba en aumento ya que cada vez me chupaba el miembro con mas pasión. De repente, se detuvo y se puso en pie. Yo hice ademán de levantarme también, pero ella me lo impidió.
- No, tú quédate sentado -me dijo sensualmente.
Tomó mi polla con una mano y se sentó en ella. Yo creí que me moría, había imaginado tantas veces aquel caliente y húmedo cońo abrazando mi miembro... Sus tetas acompańaban rítmicamente sus movimientos y yo jugaba con ellas manoseándolas y pellizcando sus pezones enormes y erectos. Mi polla parecía explotar con cada embestida de mi experimentada amante. Pero mi excitación aumentó todavía más cuando, después de levantarse se dio la vuelta mostrándome su hermoso y redondo culo. No me lo podía creer, pero me estaba invitando a llenar su agujero trasero.
Se puso a cuatro patas sobre la cama e intenté torpemente introducir mi duro pene en su culo. Viendo que tenía problemas, ella me la cogió con una mano y la dirigió expertamente hasta su abertura. Tomando sus caderas empecé a presionar hasta que mis huevos golpearon en sus nalgas. Luego saqué la polla hasta dejar dentro solo el glande y volví a empujar con fuerza hasta el fondo. Repetí este movimiento sin cesar, arrancándole a Gabriela fuertes gemidos de placer en los que me pedía que no parase, que llegase hasta el ultimate.